San Manuel Bueno, mártir

February 5, 2012

Desde el primer párrafo de la novela corta nos enteramos de que la historia que vamos a leer nos la contará una narradora no necesariamente indigna de confianza sino parcial en sus opiniones por el amor que tiene por el cura, o sea el santo, al que va a describir, don Manuel. La narradora, Ángela Carballino, nos relata desde la perspectiva de su vejez y madurez los acontecimientos que le sucedieron cuando era adolescente y aún vivía en su cuna, el pequeño y religioso pueblo de Valverde de Lucerna, España. Ángela, teniendo los años necesarios y el dinero suficiente debido a la generosidad financiera de su hermano que vive en América, acude a una escuela para su formación juvenil. Mientras ella estudia allí, un sacerdote católico que se llama don Manuel se muda al pueblo de Valverde de Lucerna y empieza en ese sitio su obra eclesiástica.

Don Manuel rápidamente consigue convertir a la gente por su bondad, carisma y fe. Las mujeres le adoran y los hombres que no le envidian le adoran también. Cuando regresa Ángela al pueblo una vez terminados sus estudios, ella también descubre la divina magia de Manuel Bueno y sus esfuerzos constantes de participar en cada aspecto de la vida del pueblo, incluyendo la educación de los niños, las muertes de los viejos y las ceremonias y la expiación de los pecados de los demás.  A través de unas conversaciones que tiene con él, Ángela se da cuenta paulatinamente de que puede ser que don Manuel no tenga la fe que se supone que tiene. Cuando vuelve de América el hermano de Ángela, un mozo que se llama Lázaro, parece que va a haber un enfrentamiento entre el cura que se ha dedicado a la obra de Dios y el escéptico y racional Lázaro. No obstante, los dos desarrollan una relación de compartir y confiar el uno con el otro y Lázaro finalmente decide recibir la comunión y tomar la Hostia públicamente aunque todo el mundo pensaba que era ateo. Cuando Ángela le pregunta a Lázaro las razones por su nueva fe, Lázaro explica que tanto él mismo como don Manuel son ateos existencialistas que han tomado la decisión de fingir la fe en la vida perdurable (o por lo menos disimular la realidad de sus creencias) para engañar (aunque ellos dijeran inspirar) a la gente para que tenga fe, esperanza y alegría en el oscuro, difícil y confuso mundo. Ángela no sabe cómo aceptar estas noticias y las duda y llora mucho por ellas.

Don Manuel se muere al final y se convierte en santo por el proceso de beatificación católica a causa del amor tremendo que toda la gente sentía por él. Lázaro muere también y Ángela, que vive muchos años más que su hermano, escribe sus recuerdos como un homenaje al santo ateo al que quería y que hizo que naciera su alma a pesar de su carencia de fe. Las últimas páginas del libro cambian de perspectiva narrativa cuando Unamuno en sí mismo saca la pluma y escribe que los relatos que acabamos de leer vinieron de un manuscrito que Unamuno halló escrito por Ángela sobre sus experiencias. Unamuno medita un poco en lo que verdaderamente es la fe y la vida perdurable y termina su relato invitándonos como sus lectores a que consideremos que las historias ficticias pueden contener verdades y virtudes más potentes que las historias verdaderas.

La novela contiene varios temas literarios, incluyendo referencias casi interminables al lago y a la montaña del pueblo Valverde de Lucerna. La montaña siempre se refleja en la clara y plana superficie del agua y los dos símbolos vuelven a tratarse a lo largo de la novela. Otro tema es el del género, especialmente en cuanto a don Manuel, quien se describe como un “varón matriarcal” y quien desempeña papeles tanto maternos como paternos. Siendo muy importante y prevalente el tema del lago y la montaña, yo me pregunto si estos no son también símbolos del género, la montaña representando la masculinidad y virilidad por el poder y la forma de sus cumbres y, al otro lado, el lago representando la feminidad y pasividad por su forma circular y su receptividad.

También existe el curioso tema del ocio, de la soledad y del lujo de poder ser ateo o existencialista. En un instante del relato, las dudas incesantes que sufre don Manuel son descritas como “torturas de lujo,” y queda claro en el pasaje que el lujo de pensar, de dudar la existencia de Dios y la posibilidad de vivir eternamente en el cielo es un lujo que no tiene la gente pobre, campesina, media y cotidiana. Es un lujo para los que tienen el tiempo ocioso de pensar, para los que no necesitan una fe para seguir adelante con la vida, y para los que nacieron con una fortaleza personal suficientemente fuerte, aunque finalmente este lujo se convierte en una especie de tortura. El paradigma de la novela en general me parece muy negativo—cuanto más pensamos en la vida y su significado, más vemos que no existe un sentido de la vida y que la vida es dolor, dudas y decepción. El único remedio es mantener nuestra ceguera a la realidad y no enterarnos de lo efímero e insignificante que es todo. Ángela, a pesar de sus relaciones cercanas con don Manuel y su hermano Lázaro, logra mantener su fe y se supone que, por la longitud de su vida comparada con las de estos hombres, vivió mejor y más alegremente que los dos hombres que en su vida que nunca pudieron alcanzar un estado de fe y creencia como el de ella.

San Manuel Bueno, mártir es una novela excepcional. Sus temas son fascinantes e importantes, su lenguaje es sencillo pero también bonito y casi bíblico y sus personajes respiran y viven aunque solamente se desarrollan a través de unas páginas cortas.