El tragaluz

June 1, 2012

El tragaluz, una obra de teatro escrita por Antonio Buero Vallejo, trata de una familia cuyas relaciones entre sí han sido destruidas por la guerra que sufrió la familia y las crisis que ella causó. Aunque el lector actual que entiende aun muy poco de la historia recién de España reconocerá desde las primeras páginas las alusiones a la guerra civil española, la obra utiliza varios trucos literarios para esconder el vínculo explícito y directo entre la perspectiva crítica que brinda la obra sobre la guerra en general y la guerra a la que en realidad se refiere, la guerra civil española. Ya que la obra fue escrita y se estrenó en 1967 bajo la plena dictadura franquista, Buero Vallejo tuvo que emplear su inteligencia y talento literario para ocultar su crítica de la guerra civil y sus trágicos resultados para el pueblo español para poder pasar la censura y representar el espectáculo para el público.

La obra comienza con la entrada en el escenario de dos personajes que servirán como guías durante toda la obra, personajes que no llevan nombres y que vienen del futuro distante del presente en el que ve o lee el espectador/lector actual. Él y Ella, como se llaman, destacan su identidad como seres del futuro con referencias a tiempos ajenos en el pasado, a frases ya no usadas en su era futurística y a sus métodos de haber descubierto la historia del pasado que nos van a contar. Prefieren no influir demasiado en nuestras interpretaciones y dejan que veamos y observemos en vez de decirnos cómo entender el espectáculo. No obstante, sí que nos guían de vez en cuando y nos relatan la cronología de la historia, lo cual permite que Buero Vallejo no se vea obligado a representar unos acontecimientos que tuvieron lugar dentro del mismo rato corto y le deja desplegar la historia sobre el plazo de varios días.

El espectáculo tiene un curioso montaje desde el principio hasta el final. Hay tres lugares distintos que se representan en el mismo escenario todo el tiempo aunque estos cuartos y espacios en la obra no tienen ninguna cercanía física. Un espacio es el piso de la familia donde vive la madre, el padre y el hijo Mario. Otro cuarto es la oficina de Vicente, el hermano mayor de la familia, quien trabaja en una empresa de publicación de libros. El último espacio es un bar pequeño donde los personajes suelen quedar para tomar un café o beber un refresco o lo que sea. El hecho de poner los tres espacios siempre en el mismo escenario hace hincapié en los enlaces que existen entre la acción que tiene lugar en cualquier de los tres espacios. Aunque la oficina no está al lado de la casa en el mundo de la obra, por ejemplo, los acontecimientos que tienen lugar en la oficina pueden repercutir en las vidas de la gente que está sencillamente mojando ensaimadas en café en el salón del piso. Buero Vallejo subraya la acción que está pasando en un espacio determinado en vez de otro a través de la técnica de cambiar la intensidad de la luz sobre ese espacio. Siendo tan importante en la obra el tema del tragaluz, de las ventanas y de lo que se puede ver, Buero Vallejo también usa otras formas de luz para enfatizar una u otra parte de la trama. Unos personajes se ponen en sombra o penumbra, por ejemplo, mientras otros se ponen en plena luz para llamarles nuestra atención a ellos.

La familia está compuesta de varios personajes interesantes. La madre es dulce y amable y es un ser que siempre trata de mantener la paz familiar. El padre se porta como si fuera un niño. Es evidente que se ha vuelto loco y que ya no puede hacer nada sino recortar fotos de revistas y postales y preguntar a sus hijos, a quienes él no reconoce como sus críos, si les gustan las imágenes. Vicente, el mayor, es un hombre de negocios, un tipo rico, profesionalmente exitoso y bastante poderoso. Nunca tiene mucho tiempo para visitar a su familia y su madre desea fuertemente que se quede un rato para hablar cada vez que entra la casa y luego sale con prisa. Sin embargo, Vicente agrada a la familia por darles regalos que ha comprado con los fondos económicos que tiene por su éxito en la editorial. Mario es el hijo menor y aunque vive con sus padres y no se ha vuelto tan brusco y frío como su hermano, se ha hecho un poco amargo y pesimista por el rencor que guarda a causa del abandono de su hermano. También desempeña un papel central en la obra Encarna, una mujer temerosa y un poco débil que trabaja en la misma editorial que Vicente y quien es la amante del mismo aunque ama verdaderamente a su hermano menor, Mario.

La trama de la obra es simple y no hacen falta muchas palabras para describirla. La riqueza de la obra se encuentra en los diálogos entre los personajes y el anhelo que tiene el espectador/lector de entender mejor las raíces de la amargura e ira que afligen  a la familia y a descubrir cómo va a terminar la obra. A lo largo de la obra vemos la tensión que existe entre Mario y Vicente ya que van compitiendo para la misma mujer y porque no comparten ni valores ni estilos de vida. Vemos cómo la madre intenta mantener las paces y la poca estabilidad que hay mientras su marido no hace nada más que recortar postales. Al final, nos enteramos de que la familia guarda un secreto grave y doloroso: que después de la guerra, toda la familia esperaba subir al tren para llegar a la capital donde supuestamente había comida y alojamiento para los supervivientes. El único miembro de la familia que pudo subir, sin embargo, fue Vicente, y mientras esperaban los demás el próximo tren o la siguiente oportunidad, se murió la hija pequeña de la familia a causa de hambruna y carencia de alimentos adecuados. Aunque siempre se había pensado que Vicente no tuvo otro remedio que subir al tren y que no podía bajar del tren a causa de lo apretados que viajaban todos los pasajeros en el tren abarrotado, se descubre que Vicente no sólo podía haberse bajado sino que también se marchó intencionadamente con la bolsa de alimentos, la cual podía haber tirado a su pobre familia esperándole al andén. Una vez descubierto este hecho, el padre sale de su estado de locura y mata a Vicente con las tijeras que siempre usaba para recortar. Aunque Encarna había sido abandonada por los dos hermanos justo antes de las últimas escenas, vemos que Mario, el hijo con el corazón más suave y sensible, decide acogerla y amarla a pesar de todo lo que se les ocurrió. Acaba la obra con unas breves palabras de Él y Ella y los lectores somos dejados para formar nuestras propias interpretaciones.

Uno de los temas más importantes de la obra es la diferencia entre el egoísmo y la bondad. La raíz del sufrimiento de la familia yace en la decisión egoísta de Vicente, el hermano mayor que eligió salvarse a sí mismo en vez de proteger a su familia. Aunque en el presente intenta comprar tanto el amor de su familia como su propia clemencia con los regalos que les da, vemos que los efectos de su egoísmo no se pueden borrar fácilmente. Toda la familia vive con la realidad de la pérdida de la hija aunque no se exprese ni se reconozca conscientemente. La obra desea que pensemos en la simpatía, en el valor de cualquier vida humana y en cómo repercuten nuestras acciones en las vidas de los demás.

También es destacable como tema de conversación o comentario la figura del padre, un hombre que parece carecer de sentido y propósito en la vida y que pensamos que es bobo y loco. Sin embargo, lo que va haciendo a lo largo de la obra es recortar individuos de las muchedumbres que los inundan en las postales y revistas donde están. El padre siempre se fija en el individuo e incluso saca de vez en cuando la lupa para poder ver con más nitidez las facciones y características de cada uno. Luego los recorta para rescatarlos de la cárcel del papel en que están, liberándolos a vivir en las paredes de su casa. Aunque esta acción parece faltar sentido, la interpreto como la obsesión del padre, después de la muerte de su hija, de salvar al individuo de la multitud y darle la atención y el cariño que se merece. Está intentando salvarlos para que puedan subirse al tren, metafóricamente, como no pudo hacer con su propia hija.

Toda la obra, también, puede entenderse e interpretarse como una feroz crítica de Franco y la guerra civil española. La hambruna, la división de familias, la pobreza, la locura, los celos y el olvido consciente de las heridas del pasado, todos estos efectos se pueden ver como los resultados de la sangrienta guerra, sus tristes efectos y los años de represión y terror que todo español tuvo que sobrevivir durante la dictadura que siguió a la guerra.

Though I unfortunately have only a limited experience with the vast body of scholarship concerning homosocial and homoerotic relationships in early modern England, I am aware that there is a large and growing corpus of research about the subject, all of which interests me and much of which I have read to help understand and analyze Shakespeare and his oeuvre better. Unfortunately, I have not been aware, until now, of the seemingly smaller but equally compelling body of scholarship about the same phenomenon and what form it took in early modern Spain. This article (cited below), though historical and not exclusively literary in focus, was a great introduction.

Berco, Cristian. “Producing Patriarchy: Male Sodomy and Gender in Early Modern Spain.” Journal of the History of Sexuality 17.3 (2008): 351-376. Web.

Berco is a historian, and he uses an assiduous perusal of archived documents taken from court cases in Aragón during the sixteenth and seventeenth centuries (Spain’s Siglo de Oro) to justify his thesis that sodomy in early modern Spain should not necessarily be seen as a “queer” practice that challenged heteronormativity and patriarchy but rather often as a very extension of patriarchy and a practice that often reinforced patriarchal notions of masculinity and femininity and how the two are accessed and accrued.

Berco starts by noting that early modern Spain was a highly hierarchically organized and deeply patriarchal society. He makes the interesting note that, among women who had certain political or financial prestige and power, masculine attributes were often attributed them, thus reinforcing the notion of the masculine as proper, good, and puissant, while the feminine was weak, fallible, and inferior. (Berco mentions a book written about the tenuous power of Isabel the Catholic, ruler of Castilla and wife of Fernando of Aragón, in a patriarchal world, and it reminded me of the large body of research done about Elizabeth I in England and her similarly precarious situation.) After giving his theoretical underpinnings, Berco then dives into his own research, which looks at court cases of men accused of sodomy or some type of same-sex sexual affection (known as molicies) and how the prosecuted were sentenced and treated. Berco essentially shows that to be penetrated was disgraceful, as it emasculated the receptive subject and made him seem to lose his virility. Being the penetrator, on the other hand, was often seen as something quite normal, a standard extension of the unbridled male sexual impulse. Though the penalty for the penetrator was often worse, given that he was the one leading both partners into sexual sin and therefore more responsible for the vice, socially he was seen as simply indulging in a natural impulse to dominate others by penetrating them, and he could even boast of his sexual exploits rather than cower in opprobrium like the penetrated often did.

Berco’s larger thesis, therefore, is that patriarchy produces a sexual society in which penetration, either of women or of men, helps a man accrue masculinity and assert superiority over those around him. The flip side of the coin, therefore, is that being penetrated, be you male or female, solidifies your status as property, as inferior, or simply as a tool to be used by virile men for their pleasure. When seen this way, male same-sex homoerotic activity might have buttressed early modern Spanish patriarchy and not been a subversive, queer force against it.

This article was lucidly written and contained a sedulously gathered list of sources from archives in Valencia, Zaragoza, and other cities in Spain. Footnote 18 included a host of references that I hope to read in order to understand better the relationship between literature and this phenomenon of early modern Spanish same-sex relationships. Also, Breco included in a footnote and once in the main body of his text allusions to some of the most important writers of the Siglo de Oro, including Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, and Góngora, opening up the possibility for some comparative work analyzing same-sex relationships between early modern writers of England and Spain. There is a fertile land of literary research out there, and I hope to till and harvest a fair share of it in the years to come!